Los comienzos de la filosofía del siglo XX – 2

Publicaciones de la serie: 1

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©2016, Pedro M. Rosario Barbosa

El nacimiento de la semántica

Kant estaba equivocado cuando consideraba a la lógica como {una disciplina} terminada.”
-Bernard Bolzano

El siglo XIX vio nacer una variedad de perspectivas filosóficas sin precedentes hasta ese momento. Ya hemos mencionado a los idealistas alemanes y a los psicologistas. Podemos añadir perspectivas existencialistas –inauguradas por la obra de Søren Kierkegaard– y pensadores que enfatizaban la importancia moral de la voluntad, entre ellos Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche, entre otros. Otros campos relacionados con los anteriores incluian los biologistas, antropologistas, economicistas, ficcionistas y otras mentes afines a estas perspectivas.

A pesar de que todas estas constituyeron campos dominantes en la filosofía, casi nadie contaba con la visión admitidamente exótica de un sacerdote checo, filósofo y matemático conocido hoy como Bernard Bolzano.

La obra de Bolzano

Bernard_BolzanoBernhard Placidus Johann Gonzal Nepomuk Bolzano (1781-1848) no parecía ser en su tiempo un candidato a ser de los pensadores más influyentes en el futuro. Durante sus estudios universitarios, estudió filosofía, matemáticas y física. En 1805, se ordenó sacerdote católico después de algunos años de estudios teológicos y laboró como professur ordinarius de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Praga. Parte de las razones por las que no se hizo muy popular se debió a su personalidad, especialmente muy inclinada a condenar el militarismo y fomentar las vías pacíficas. Después de ser destituido de su puesto por las autoridades del Imperio Austríaco —como consecuencia de su visión progresista— se le prohibió enseñar o publicar filosofía, teología, lógica y ciencias. Fue exiliado a la ruralía y subsistió gracias a una pensión “graciosa” concedida por el Imperio.

Durante esos años, su salida de la docencia no detuvo su labor intelectual y escribió los cuatro volúmenes de su gran obra Teoría de las ciencias, publicada en 1837. Muy pocos filósofos de su tiempo le prestaron la atención que merecía. Hijo intelectual de Leibniz, Bolzano adoptaba una posición altamente inusual en aquella época: que las matemáticas y la lógica eran dos disciplinas cercanas y analíticas a priori; que ambas eran ciencias formales y deductivas a partir de conceptos. Se apartó de la opinión de Kant de que debía caracterizarse a las matemáticas como campo sintético a priori y trabajó arduamente para buscar unos nuevos cimientos para ese campo en desarrollo desde el siglo XVI y XVII. Estas obras se publicarían en revistas académicas relativamente oscuras y desconocidas. Sin embargo, Bolzano no pudo terminar su empresa. Regresó a Praga en 1842 y murió en 1848.

En un siglo XIX dominado por el idealismo alemán por un lado y los campos cientificistas y positivistas por el otro, su obra casi fue olvidada. Nadie podía sospechar que sería fundamental, no solo para el desarrollo de la lógica, sino también por establecer bases sólidas para el desarrollo de la filosofía del siglo XX.

La lógica y la semántica

En la época de Bolzano, la lógica que se enseñaba era la aristotélica, esto significa que la discusión de este pensador se centraría en tres ámbitos que se distinguen hoy día: la lógica formal, la semántica y la teoría del conocimiento. La semántica per se no existía en aquella época y, contrario a Kant, ese era su enfoque.

Contrario al kantianismo, Bolzano no encontró el fundamento científico en las facultades mentales sino más bien en la lógica y los significados (como veremos más adelante, no usaba ese término). La lógica no es una rama de la psicología, sino más bien una técnica imprescindible para toda ciencia. La lógica está más vinculada a los arreglos de y entre proposiciones que a los procesos psicológicos. Si este es el caso, entonces se debería explorar la naturaleza de las proposiciones en ellas mismas.

Las proposiciones pueden ser verdaderas o falsas con independencia de la mente humana. Por ejemplo, puedo proponer que “en la geometría euclidiana, el cuadrado de la hipotenusa de un triángulo rectángulo es igual a la suma del cuadrado de sus catetos”. La proposición expresada siempre será verdadera con independencia de nuestros contenidos mentales. Hay otras oraciones que nos hablan sobre ciertos hechos, por ejemplo, “John F. Kennedy fue asesinado en 1963.” La propuesta de la oración, en otras palabras, la proposición (Satz), es verdadera y siempre lo será aun cuando en el futuro todo el mundo piense algo lógicamente distinto. Finalmente, están aquellas oraciones que expresan verdad, pero solo en virtud de su estructura, por ejemplo, si dijera “Existen los ángeles florentinos o no existen los ángeles florentinos”, la proposición sería verdadera estrictamente hablando, independientemente si dichos seres celestiales existen o no.

De aquí, Bolzano distingue tres tipos de proposiciones verdaderas:

  • Aquellas que son de orden abstracto lógicomatemático y que son verdaderas siempre “en ellas mismas”.
  • Aquellas que nos hablan de un hecho ocurrido en la temporalidad, pero cuyo contenido (significado) permanece siendo verdadero con independencia de los hechos factuales temporales.
  • Aquellas que lo son en virtud de su forma o estructura.

Por otro lado, Bolzano subraya la importancia de no identificar las oraciones (la serie lingüística de signos que expresan proposiciones) con las proposiciones mismas. Hay que distinguir entre el signo de su “contenido”. El signo es físico (visual o auditivo). Su contenido es abstracto. Los signos “2” indoarábigo y “II” romano expresan la misma idea, el mismo contenido. Lo mismo ocurre con las oraciones.

Por otro lado, hay que distinguir entre las proposiciones consideradas en ellas mismas de las “representaciones subjetivas”, estas últimas son imágenes sensibles que nos representamos momentáneamente en la mente y que son puramente subjetivas. Las proposiciones expresadas son distintas al signo o todo lo físico y se hallan desvinculadas de los procesos mentales y temporales. En un sentido muy genuino, podemos hablar de “proposiciones en sí” (Sätze-an-sich) y de “verdades en sí” (Wahrheiten-an-sich) objetivas.

Las ciencias, el conocimiento genuino, busca objetividad. Por ende, aspira a “aprehender” o “captar” proposiciones objetivas, abstractas y lógicamente concatenadas.

A partir de ello, Bolzano identificaba tres ámbitos:

  • En primer lugar, el de los signos lingüísticos, donde encontramos palabras y oraciones.
  • En segundo lugar, las representaciones y los procesos mentales como puramente subjetivos.
  • En tercer lugar, un ámbito objetivo, pero abstracto que persiste “en sí” con independencia de toda ocurrencia del mundo físico y de los sucesos mentales. Esta independencia permite que una proposición sea “captada” o “aprehendida” por diversas mentes y, así, reconocerlas intersubjetivamente.

En términos sencillos, para Bolzano, este ámbito abstracto y atemporal era tan existente como el mundo físico. Aquí nace la tesis principal del realismo semántico contemporáneo, específicamente en la forma platonismo semántico: hay entidades lingüísticas que existen con independencia de la mente humana y los procesos físicos.

Desgraciadamente, otros filósofos pensaron ver matices teológicos detrás de ello, ya que Dios y las almas se consideraban abstractas, una razón por la que su obra fue ignorada por filósofos progresistas, psicologistas, idealistas, materialistas y positivistas de toda Europa. En sus mentes escandalizadas probablemente decían, “¡vuelta al Medioevo, a la edad oscura!”

Desgraciadamente para ellos, la obra de Bolzano sería clave para el avance de la filosofía, la lógica y las ciencias.

Analiticidad y sinteticidad

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Placa dedicada a la memoria de Bernard Bolzano en la Calle Celetná, en Praga.

Si hay proposiciones que son verdaderas solamente en virtud de su forma deductiva y no de su materia, tenemos que preguntarnos acerca de la naturaleza de esta última. Si las proposiciones no pertenecen al dominio de lo psicológico o de las representaciones subjetivas, entonces sus componentes deben pertenecer a  la región de los “en sí”. Bolzano se referiría a ellos bajo el término “representaciones en sí” (Vorstellungen-an-sich). Posteriormente, la tradición semántica les llamaría “significados” (Bedeutungen). Desde esta perspectiva, una proposición en sí no es sino una suerte de “representación en sí” compuesto por unas “representaciones objetivas” más elementales.

Con base en esto, el criterio de analiticidad de Bolzano difiere marcadamente del de Kant. Debido a que la inmensa mayoría de la filosofía de su momento se erigía sobre la Crítica de la razón pura, este nuevo criterio fue ignorado por muchísimo tiempo, teniendo como notable excepción a Edmund Husserl. Para Bolzano, una proposición es lógicamente analítica si es universalmente válida en virtud de su forma y no de sus componentes no lógicos (materiales). Esto no tiene nada que ver exclusivamente con la estructura “sujeto-predicado” como pensaba Kant. Esto tiene que ver exclusivamente con los componentes formales. Cualquiera podría sustituir los componentes materiales de las proposiciones por cuales quiera otros y ellas seguirían siendo verdaderas (o falsas) en virtud de su forma (lo que se conoce en filosofía como sustitución salva veritate).

Si digo, “Si los hombres son mortales y Pablo es hombre, entonces Pablo es mortal”, la proposición sería igualmente verdadera y tan lógicamente analítica que como si dijera “Si los elfos son mortales y Legolas es elfo, entonces Legolas es mortal”.  Esto se debe a que ambas proposiciones comparten la misma forma lógica en la que sustituimos las variables “hombres” y “Pablo” por “elfos” y “Legolas” correspondientemente. El valor de verdad específico (verdadero) no cambia en lo absoluto aun cuando los elfos no existan.

Desde esa perspectiva, la lógica no es a priori en el sentido kantiano de que sus proposiciones son reconocidas puramente por la razón en sí misma, sino porque sus aserciones son verdaderas formalmente hablando. Podríamos pensar la lógica compuesta de proposiciones cuyos componentes materiales pueden ser convertidos en variables en una cadena lógicamente deductiva. Si adoptamos un vocabulario fijo con definiciones fijas para los componentes formales, obtendremos de la lógica una ciencia puramente formal. Esto no se limitaría a la estructura formal “sujeto-predicado” sino también a formas de conjunción, disyunción, implicación, entre otros. Tampoco se restringe en lo absoluto a los silogismos tradicionales aristotélicos sino a cualquier otra forma deductiva. De esta manera, Bolzano sentó las bases para una reforma de la lógica como ciencia formal. Para todos los efectos, Bolzano caracterizaba a las proposiciones como analíticas si son un conjunto ordenado de variables configuradas de tal manera que puedan ser sustituidas objetualmente (es decir, por objetos) salva veritate. De esta manera, cualquier proposición puede ser analíticamente verdadera o analíticamente falsa. Contrario a Kant, para Bolzano, el contenido material de las proposiciones (si un concepto está o no incluido en otro) es irrelevante a la hora de determinar analiticidad.

Toda proposición que no fuera analítica en este sentido, sería sintética. Sin embargo, contrario a sus filósofos contemporáneos, Bolzano aceptaba la existencia de proposiciones sintéticas a priori, pero las caracterizaba de una manera completamente distinta a la de Kant. Desde el punto de vista del idealismo trascendental, lo que importaba era si un concepto estaba o no contenido en otro. En cambio, para Bolzano, esta manera de proceder sería un error fundamental de la aproximación kantiana. Cuando decimos que la suma de los ángulos de un triángulo es 180⁰, no estamos buscando “conceptos dentro de conceptos”. Obviamente esta proposición geométrica es una sintética, pero es una verdad a priori debido a que es necesaria. Aunque él utilizaba alguna aproximación empirista para tratar de justificar su creencia de que los juicios de la geometría eran a priori, no supo con certeza cómo hacerlo. Sin embargo, intuyó que la justificación de la geometría debía ser derivable puramente a nivel conceptual sin asistencia alguna de la experiencia.

De esta discusión, se desprende la distinción entre necesidad y analiticidad. Para Bolzano, tanto las proposiciones analíticas como las sintéticas a priori son necesarias. Las primeras son lógicamente necesarias, mientras que las segundas son no lógicamente necesarias (ejemplo de esta, “Lo que es cuerpo no puede ser inextenso”). Sin embargo, para explicar esta necesidad, recurrió a una noción “empirista” o “casi inductivista” —en el sentido de que cierto arreglo formal o material se entiende como necesario porque ha sido confirmado con argumentos innumerable veces. Por tal razón, su doctrina epistemológica se quedó coja y su teoría de cómo es que captamos proposiciones a priori resultaba ser insatisfactoria.

Continuaremos con Bolzano en nuestro próxima publicación de esta serie.

Bibliografía

Bolzano, Bernard. Theory of Science. Traducido por Paul Rusnock y George Rolf. Oxford: Oxford University Press, 2014.

Coffa, J. Alberto. The Semantic Tradition from Kant to Carnap. To the Vienna Station. Cambridge: Cambridge University Press, 1998.

LaPointe, Sandra. “Bernard Bolzano: Philosophy of Mathematical Knowledge.” Internet Encyclopedia of Philosophyhttp://www.iep.utm.edu/bol-math/.

Morscher, Edgar. “Bernard Bolzano.” The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Editado por Edward N. Zalta. Otoño de 2014. http://plato.stanford.edu/archives/fall2014/entries/bolzano/.

Šebestik, Jan. “Bolzano’s Logic.” The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Editado por Edward N. Zalta. Primavera de 2016. http://plato.stanford.edu/archives/spr2016/entries/bolzano-logic/.

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